Esta semana Héctor, mi niño Héctor, mi hombrecito, cumplió 4 añitos. Él se siente mayor, "ya puedo tocar herramientas, mama, que tengo 4 años".
En fin, es que es hombre!
El caso es que tenía clarísimo que quería un pastel de Peppa Pig para su cumpleaños.
Yo preparé dos docenas de cupcakes para que las llevase al cole para desayunar con sus compañeros. Monísimas, con adornos de niño y de niña para que hubiese de todo. Se levanta de dormir y se las enseño sonriente: "Mira, Héctor, para el cole!". Las mira, me mira, levanta una ceja y me dice: "no quería eso, quería un pastel de Peppa Pig", "eso para el domingo, niño!"
En fin, que nos vamos para el cole, paro el coche y me dice: "mama, dale las cupcakes a la Isabel (su profesora) y vámonos al Mc Donalds".
A las 9 de la mañana.
Al Mc Donalds a las 9 de la mañana!
Respiro hondo.
Al entrar al cole me pide llevarlas (por fin les empieza a hacer caso!) le doy una caja y, como no, se le vuelca! Cuento hasta diez cien mil. No pasa nada, un corro de niños con la boca en forma de "O", los ojos abiertos con las cejas tocando el nacimiento del pelo y cara de "Dios mío! catástrofe!", miran, quietos como estatuas, como la señorita las recoge con cariño.
Yo no pude ni moverme.
Cuando lo recojo (para ir al Mc Donalds, claro) me dice que estaban buenísimas, y está terriblemente ofendido porque a un niño no le habían gustado, de hecho se fue a chivar a la señorita del terrible desprecio!
Bueno, después de un día de felicitaciones, emociones, asumir su nueva edad y desplegar un dedito más en su mano para decir que ya tiene 4 años, me sigue diciendo que él quería un pastel de Peppa Pig.
Así que el domingo, para la celebración familiar, tuvimos pastel de Peppa Pig y George Pig.
De paso pudimos probar pastel nuestro, que nunca podemos. Entero digo, porque los recortes de bizcocho y de relleno vuelan. La verdad es que estaba muy bueno, nos dimos buena nota. No sobró una miga. Eso es buena señal.
En cuanto a los cerditos... los salvé de la quema... pero no llegaron al lunes los pobres.
Ví como George Pig desaparecía entre los dientecitos de Rebeca mientras le imploraba "no, noooo", ni caso, ya se había comido el gorro y lo agarró con fuerza mientras se comía la cabeza mirándome con indiferencia.
A la mañana siguiente encontré algunos trozos de Peppa Pig sobre el mármol de la cocina.
Los niños no tienen compasión, ni aunque sean los tuyos y te hayan visto trabajar.
Y eso que no eran pata negra los cerditos.
Feliz cumpleaños, Héctor!